La Tatuana (Leyenda) parte 1

Cada carcel o bartolina que se encuentra en las municipalidades de los pueblos de Guatemala cuenta la historia magica de Manuelita “La Tatuana”.

Dicen los viejos que en cualquier momento aparece en los poblados y ciudades una mujer bella, una mengala joven, que con grandes ojos zarcos y un manton de manila, sabe todas las cosas del amor.

Pone “en un pequño cuarto” una venta de ensalmos de amor con los que liga hombres y mujeres.  como causa tanto alboroto, es capturada por la autoridad y encerrada en la bartolina.  Cuando esta en la carcel, saca un pedacito de tiza o un carbon, pinta un barquito en la pared, se sube a el, sale volando por los barrotes de la bartolina y se aparece haciendo favores de amor en otro pueblo.

Sortilegios y hechizos de Manuelita

A un pequeña, joven y mustia, la Nueva Guatemala de la Asuncion se despertaba cada dia en las casas de bajareque pintadas de blanco.

En la Plaza  Central ya destacaba La Catedral, aunque todavia sin campanarios.  El palacionde Gobierno, antigua residencia de los Capitanes Generales, dominaba la cuadra con sus arcadas neoclasicas.  Tambien le llamaban  El Portal del Señor, por una pequeña capilla del Señor del Pensamiento, o El Portal de las Panaderas, ya que cada tarde se  daban alli cita mujeres con sendos canastos a vender.

Fue una fria tarde de noviembre cuando unos pocos vecinos del Barrio de La Candelaria vieron llegar a aquella hermosa mujer de  caminar elegante. Era una mengala un tanto alta que no pasaba de los 25 años, con grandes ojos oscuros y pelo  negrisimo como la medianoche que recogia en dos tupidas trenzas, que Caian sobre un hermoso manto de seda.

Aparecio por un costado del Cerrito del Carmen y sin Vacilacion se instalo en una pequeña casa del Callejon del Brfillante.   El sopor de la monotonia de la Ciudad pronto fue roto por las habladurias sobre esta extranña mujer.

“¿Quien sera esa patoja? Mire que toda la vecindad esta intrigada.

“Pues, dice ‘nia Chon’ que se llama Manuelita, y que conoce de artes magicas”.

Por Celso Lara Figueroa.

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