Maria Candelaria (cuento)

La india Maria  Candelaria, despues de haber ido a la quebrada en busca de agua fresca y de haber colocado cuidadosamente sobre los tizones de crepitante encino de la olla de nixtamal, se acerco al tapexco donde yacia aletargado su hijo y lo contemplo tristemente.  ¿Pobrecito el hombrecito, toda la noche quejandose! ¿Debia estar muy malo el hombrecito!

El dia anterior ella levaba, como de costumbre en el fondo de la barranca, al umbroso pie del sauce…

¿Que habia pasado en su casa en su casa mientras ella llevaba en el rio, Dios Santo? ¿Su hijo…?

¡No, Dios guarde la hora! Maria Candelaria recordo en esos momentos que el muchacho, despues de terminar los remiendos de varias jaulas, le habia dicho que iria al monte a visitar sus trampas.  Lo hacia casi todos los dias, porque el hombrecito era cazador de pajaros de monte…

¿Que habia pasado entonces?  Terminando de subir la cuesta diviso un grupo de gente frente a la puerta de su vivienda.  Con el corazon en tumulto se acerco.  En el interior, tendido sobre una sabana estaba su hijo, palido y y silencioso como hecho de terrron…

Al cabo de un buen rato el muchacho volvio en si, quejandose de fuertes dolores en la espalda, y temiendo que su dolencia fuera algo grave, se mando recado al curandero de Chinautla.  El muchacho habia caido desde lo alto de un arbol de jocote, al cual habia subido para adueñarse de unos pichones de cenzontle de huatal…

A las tres de la tarde de ese mismo dia llego el curandero montado en una vieja mula de carga.

A la mañana siguiente volvio el curandero a visitarlo, y no advirtiendo en el enfermo ninguna mejoria, pues los dolores mas bien iban en aumento, habia dicho que tal vez el muchacho  estaba quebrado; todos lo habian dicho “que tal vez el muchacho estaba quebrado”, pero de todos modos sanaria con un remedio que solo el conocia.

Viendo que ya se estaban agotando los dineritos guardados en el fondo del bucul, y que el señor Mateo Recancof se mostraba muy exigente en la demanda de su pago para conseguir el nuevo remedio, la india Maria Candelaria habia decidido ir esa mañana a la ciudad para vender  ella sus pajaros.

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