Cuento- Fran aprende a ser ordenado
Cuentos cortos para niños desordenados – Fran aprende a ser ordenado.
Un día más Fran no quiso recoger su habitación después de jugar. Sus muñecos, juguetes, mochila y lápices de colores aparecían tirados por todo el dormitorio.
– ¡No quiero recoger! – dijo de nuevo.
– ¡Está todo desordenado, Fran! Ya tienes edad para saber lo que está bien o mal. Tienes que aprender las normas que hay en casa. Una de ellas es el orden y la limpieza – le dijo su madre seria.
Y esta vez sus padres no recogieron su habitación como siempre hacían. Después de bañarse y cenar, Fran se puso el pijama y fue a acostarse.
– ¡Fran, ve a lavarte los dientes y a hacer pis! – le gritó su padre desde la cocina. Fran entró en la habitación.
– ¿Dónde está Osito? – preguntó.
Dormía todas las noches abrazado a su osito de peluche.
– ¿No te acuerdas dónde lo has dejado? – le dijo su padre.
El niño buscó por toda la habitación.
– ¡Quiero a Osito! – gimió.
Buscó a Osito debajo de la cama. Luego levantó el edredón, miró dentro del armario; Osito no aparecía. Su habitación estaba más desordenada que nunca.
– ¡Ya es hora de dormir! Mañana aparecerá. ¡A la cama! – le dijo su madre.
Su padre tuvo que retirar el coche eléctrico y algunas piezas de las construcciones para poder abrir la cama.
– ¡No quiero dormir sin Osito! – lloró de nuevo.
– No sé dónde está tu osito, ni el cuento que dejamos a medias ayer – le dijo su padre buscando con la vista por la habitación mientras lo arropaba.
– Ya lo leeremos otro día.
– Hasta mañana, Fran – dijeron sus padres al darle el beso de buenas noches y apagaron la luz.
Esa noche Fran tuvo una pesadilla. Iba por la selva buscando a Osito. Cortaba ramas de árboles para poder avanzar, tuvo que cruzar un río, escalaba por un tronco. Sabía que Osito estaba allí pero no lo encontraba. Empezó a dar gritos llamando a su peluche. Se despertó gritando cuando escapaba de un león.
Sus padres entraron en la habitación y Fran lloraba desconsoladamente.
– ¿Qué te ocurre? ¿Has tenido una pesadilla? – le dijeron abrazándolo muy fuerte.
– ¡Osito! ¡No encuentro a Osito! – dijo hipando.
– Seguro que mañana aparecerá. Ahora descansa – le dijeron sus padres. Estuvieron un rato con él hasta que estuvo más tranquilo y se fueron a dormir.
A la mañana siguiente, cuando su madre entró al dormitorio estaba despierto.
– ¡Buenos días, cariño! ¿Qué tal has dormido? – le dijo subiendo la persiana.
Cuando Fran se incorporó de la cama se dio cuenta de lo desordenado que estaba todo. De repente, cuando menos lo esperaba, descubrió a Osito tirado detrás de la puerta de la habitación.
– ¡Osiiitooooooo! – gritó muy contento.
– ¡Ha estado todo el rato ahí. Está todo tan desordenado… – dijo su madre saliendo de la habitación sin acabar la frase.
Fran se levantó y comenzó a recoger su habitación. Si la hubiera tenido ordenada, pensó, Osito no se habría perdido y su padre le habría leído el cuento de todas las noches. Después tomó a su osito de peluche en brazos, le dio un abrazo y lo colocó encima de la almohada.
Osito lo miraba contento porque sabía que nunca se volvería a perder.
P Marisa Alonso Santamaría





