El Misterioso llanto de La Llorona (leyenda )- parte 2

La admiracion de Juan halagaba a la bella Maria de los remedios.  En las noches, cuando su esposo estaba en sus frecuentes viajes de negocios, ella recordaba la tierna mirada de Juan de la Cruz.

En su mente repasaba aquel rostro moreno, de ojos almendarados  y cabello de ebano.

Casada contra su volunta, el fontanero le habia sembrado una chispa de esperanza y fuerza de vivir.

Una mañana de noviembre, la casa de Maria amanecio sin agua potable, llamaron al Fontanero Mayor del Ayuntamiento pero no encontro el problema de obstruccion de los caños.

El rostro de la joven señora se ilumino al encontrar la excusa perfecta para ver al fontanero.  Mando traerlo con toda rapidez.

Al ser notificado, Juan contuvo el aliento e incredulo respondio que llegaria al mediodia.  Una inmensa emosion lo embargaba y el paso de unas pocas horas le parecieron eternas.   Al sonar las 12 campanadas se dirigio al Callejon de La Soledad.

«¡Jesus!, penso al verla de cerca, su belleza le llego a lo profundo del alma.

Aparentando tranquilidad, procedio a trabajar y rapidamente encontro el problema pero fingio lo contrario para llegar mas dias y asi verla unos minutos al cruzar el corredor.

Cada dia, por una ventana entrabierta, la señora lo observaba furtivamente con una emocion que antes no conocia.

despues de siete dias, Juan dejo correr el agua, entonces Maria lo invito a tomar chocolate en la enorme sala de la casa.  El amor los atraia y lentamente fue quebrandose el pudor de ambos.

Juan regresaba frecuentemente con el pretexto de revisar las cañerias y hacia lo posible por quedarse conversando cada vez mas tarde, hasta que el intenso deseo de  amarse se desbordo.

La declaracion de amor llego de manera natural y una noche, armado de valor, Juan se deslizo sigilosamente por una ventana de la habitacion de Maria de lols Remedios.  Se amaron hasta que el suspiro del alba fue anunciado por el canto de los gallos.

Con felicidad, los amantes siguieron frecuentandose en secreto durante los prolongados meses de ausencia del confiado marido.

Un dia, Maria amanecio indispuesta, sentia fuertes dolores de cabeza y las recurrentes nauseas la abatieron durante dias.  No se atrevia a llamar a un medico porque intuia que algo andaba mal.

Preocupado, Juan le pidio a una vieja curandera del Callejon del Judio que fuera a verla.

«Señora, usted va a tener un hijo», le dijo secamente la curandera.

No queria imaginar lo que haria su esposo al enterarse.  ¡Que seria del honor de la familia  y de la nobleza de su apellido!

Las murmuraciones de la pequeña ciudad no tardaron en aflorar y Maria se oculto de todos, incluso de Juan.

Por. Celso Lara Figueroa.

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