La Llorona de Panajachel- Guatemala

Habia una vez-

Una mujer de Jacanya estaba lavando su ropa en el rio San Francisco que pasaba cerca de alli.  Esta era casi una actividad cotidiana para ella, y ella tenia una rutina.   Ella tenia un mismo lugar cerca del agua donde habia unas piedras bien grandes y el lecho de arena.  Ella lavaba a medio dia despues que las piedras habian sido calentadas por el sol.  A medida que lavaba la ropa la escurria del exceso de agua y despues la extendia sobre las piedras para que se secaran un poco, por unos diez minutos mas o menos, antes de doblarla y apilarlas para llevarla de regreso a su casa.  Mientras tanto, habia un buen lugar arenoso y plano entre las piedras donde colocaba a su bebe de ocho meses envuelto en un poncho.

La pequeñita era bien portada y generalmente dormia mientras la mujer lavaba.

El lavado no requeria mucho pensamiento y asi la mujer soñaba despierta mientras hacia su tarea.

Pero en un dia particular, en una tarde de finales de junio, ella sufrio una tremenda tragedia.

Aunque brillaba el sol sobre Panajachel, una tremenda tormenta ocurrio rio arriba en el area entre Concepcion y Patanatic.  De pronto una riada vino rio abajo que la sorprendio con el agua a la cintura.

Mirando rapidamente para agarrar a su nena, se sobrecogio de temor cuando vio a la nena  y la ropa ser llevadas por la corriente hacia el lago.

Freneticamente manoteaba en el agua y comenzo a correr rio abajo por el borde del rio para rescatar a su niña.  Pero llego hasta el lago sin encontrarla.

La mujer estaba devastada y comenzo a llorar.  Sus gemidos se convirtieron en lamentos, y finalmente en grito agudos que hacian eco en todo el barrio.   Sus vecinos vinieron y la trataron de consolar pero sin resultados.

Ella continuo llorando entrada de noche.  Su marido estaba ausente, trabajando en la costa, y nadie sabia como comunicarse con el.

Cuando llego la mañana, su casita se encontraba en un silencio sepulcral.  Un vecino fue a ver y encontro la cas vacia y la mujer ausente.   Ella nunca regreso.

Por Richard Morgan Szybist.

Deja tu Comentario

comentarios