Los regalos de los duendes

Un sastre y un platero viajaban juntos por el mundo. Un día a lo lejos oyeron una música y decidieron acercarse. Al llegar vieron unos hombrecitos y mujercitas que bailaban en un corro, rodeando a un anciano con traje de colorines con una larga barba blanca.

El viejo invitó a los dos hombres a que se sentaran a su lado. Entonces el anciano sacó un gran cuchillo y empezó a afilarlo mirando a los dos hombres que estaban muertos de miedo. El anciano les cortó algo de pelo y barba y les metió a cada uno carbón en los bolsillos. Más tarde los hombres se marcharon a algún lugar donde pasar la noche.

Se quedaron a dormir en una posada sin desnudarse y con el carbón en los bolsillos porque estaban muy cansados. A la mañana siguiente al levantarse se echaron las manos a los bolsillos y vieron que el carbón se había convertido en pedazos de oro. Además les había vuelto a salir el pelo y la barba.

El platero, que era muy avaricioso le dijo al sastre que volvieran a ver al anciano. El sastre no estaba de acuerdo porque con el oro que tenía podría hacerse un buen taller y casarse con su novia y ser feliz. Pero el platero insistió y cogieron un saco de carbón y fueron a ver al anciano.

El viejecito le volvió a cortar el pelo y la barba y les indicó que cogieran carbón. El platero se llenó los bolsillos hasta donde pudo. Luego regresaron a la posada y a la mañana siguiente los bolsillos y los sacos estaban llenos de carbón. Lo peor fue que el oro que tenía también se había vuelto carbón. Quería tirarse de los pelos pero estaba totalmente calvo y sin barba.

El sastre se despertó al oírle llorar y como era tan bondadoso le ofreció repartir el oro que tenía. El platero se quedó con la mitad del oro pero tuvo que llevar el resto de su vida una gorra porque el pelo no le volvió a crecer.

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