María y el panadero avaro – parte 2

—María —dijo el juez—, ¿has estado oliendo las tartas, pasteles y panes del panadero?

—Sí, señor Juez, lo confieso —dijo María—. Por la mañana me deleito con todos esos maravillosos olores; estos se confunden con el aire cuando salen por la ventana.

El juez se quedó en silencio. Todo el pueblo, reunido en la sala del juzgado también guardó silencio.

Después de varios minutos, el juez se levantó.

—He llegado a un veredicto — dijo—. Te encuentro culpable de robar los olores del panadero. Ahora es el momento de tu sentencia. Acércate al panadero y sacude la bolsa que traes con las diez monedas.

María, muy desconcertada con la extraña petición, se acercó al panadero y sacudió la bolsa.

Todos escucharon el sonido de las monedas.

El juez miró al panadero y le preguntó: —¿Has escuchado el sonido de esas monedas?

—Claro que sí Señor Juez —respondió el panadero.

—¿Y es un sonido encantador para ti? —preguntó el juez.

—Claro que sí, señor Juez —respondió el panadero.

—Bien entonces —dijo el juez —. María ha robado los olores de tu panadería y te ha pagado con el sonido de las monedas. ¡Caso cerrado!

P/Paola Artmann

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