Cuento Pan y Vino
…Aquella tarde, su ofrenda habia consistido en lo mas corriente y lo que habia dado origen al nombre puesto por Jesus: pan y vino solamente.
Jesus descendio como de costumbre de su cruz y comio y bebio su pan y su vino como siempre.
Marcelino no le quitaba ojo, pero sin atreverse a tocarle por el respeto y el amor que lo paralizaban.
Jesus llamo hacia si al niño y tomandolo con las manos por los delgados hombros, le dijo:
Bien Marcelino, has sido un buen muchacho y Yo estoy deseando darte como premio lo que tu mas quieras.
Marcelino lo miraba y no sabia como responderle. Pero el Señor, que veia dentro de el lo mismo que ve dentro de nosotros, insistia dulcemente, haciendole presion con sus largos dedos.
Dime: ¿Quieres ser fraile como los que te han cuidado?
¿Quieres que vuelva junto a ti «mochito», o que no se muera nunca tu cabra?
Quieres juguetes como los que tienen los niños de la ciudad y del pueblo?
A todo decia que no Marcelino, con los ojos cada vez mas abiertos y sin ver ya al Señor de lo cerca que lo tenia de si.
-¿Que quuieres entonces?- le preguntaba el Señor.
Y entonces Marcelino, como si estuviera ausente, pero fijando sus ojos en los del Señor, dijo:
_Solo quiero ver a mi madre y tambien a la Tuya despues.
El Señor lo atrajo entonces hacia Siy lo -sento sobre sus rodillas desnudas y duras. Despues, le puso una mano sobre los ojos y le dijo suavemente.
-Duerme, pues, Marcelino.
Jose Maria Sanchez Silva.




