Somos un equipo -2
A punto de arruinarse, Marcelo y Gabriel se encontraron un día por la calle. Llevaban dos años allí, y estaban a punto de dejarlo todo.
– Estoy pensando en volver a casa -dijo Marcelo, dirigiéndose a su hermano.
– Ya. Llevo semanas pensando lo mismo -dijo Gabriel. Pero si volvemos así nuestro padre no nos dejará dirigir sus empresas.
– Pero, ¿y qué podemos hacer? La nueva tienda es mejor -dijo Marcelo.
Alguien que pasaba por allí y que escuchó la conversación se paró y les dijo:
– El de enfrente tiene más clientes porque es más simpático y amable que vosotros, que estáis todo el día enfadados y criticándoos el uno al otro. En definitiva, se preocupa por atender bien a los demás y no de hundir a nadie.
¿Qué hemos hecho? -dijo Gabriel.
– La avaricia nos ha perdido -respondió Marcelo-, pero tengo una idea.
Dicho esto, el extraño se marchó.
Marcelo y Gabriel se miraron.
Marcelo y Gabriel se fueron a cenar juntos y trazaron un plan. Decidieron crear un nuevo tipo de tienda en el que trabajar juntos.
Cuando finalizó el plazo de tres años fijado por el padre, éste fue a ver qué habían hecho sus hijos. El padre contempló, admirado, los grandes progresos que habían hecho y cómo habían salido adelante los dos juntos.
– Estoy orgulloso de vosotros -les dijo-. Pero, ¿a quién le voy a dejar ahora la dirección de mis negocios?
Los dos hermanos ya se habían olvidado de aquello y, sin pensarlo, contestaron a la vez:
– ¡Somos un equipo!
– Habéis superado la prueba, hijos míos -dijo el padre-. Nunca quise elegir entre vosotros, pero teníais que daros cuenta por vosotros mismos de que juntos podéis hacer grandes cosas.




