Cuento clásico: La princesa y el guisante -1
Érase una vez un reino muy, muy lejano, en el que vivía un príncipe, heredero de un gran reino, apuesto como ninguno. Los deseos de aquel joven eran casarse algún día en una bonita y gran ceremonia, y reinar junto a su amada sobre todos sus dominios. No obstante, aunque había muchas chicas hermosas e inteligentes en su reino, el príncipe quería casarse con una verdadera princesa: una que tuviera sangre azul y que también fuese heredera de otro reino.
Aunque no había tenido la dicha de encontrar a una princesa así, el joven no perdía la esperanza de que algún día el amor tocase a su puerta. Y así, mientras tanto, el príncipe continuó con sus ocupaciones reales, ayudando a sus padres, los reyes, en todo lo que iban necesitando y dejando los días pasar en su gran castillo. Deseaba encontrarse ya alguna vez con esa princesa con la que tanto había soñado, pero solo podía esperar.
Entonces sucedió que, durante una lluviosa tarde de otoño, alguien tocó a la puerta del castillo:
—¿Quién será? —preguntó la reina—No esperamos que nadie nos venga a visitar, y mucho menos con el clima que hace.
Llenos de curiosidad pidieron entonces a sus sirvientes que abrieran la puerta e hicieran pasar a quien se encontrara tras ella, y unos minutos después, frente a ellos, apareció una chica muy finamente vestida con las ropas más elegantes que jamás habían visto, aunque completamente empapada.
Con gráciles gestos, la extraña joven se inclinó ante los reyes a modo de presentación:
—Majestades, os agradezco mucho el haberme recibido en vuestro palacio. Soy la princesa de un reino vecino, y suelo deambular de vez en cuando por vuestros dominios para encontrar descanso en los verdes campos. No obstante, me sorprendió la lluvia y no tuve dónde protegerme.
Mientras la chica hablaba, la reina notó que el joven príncipe la miraba con asombro. Los ojos le brillaban y no apartaba la vista de ella.., ¡parecía haberse enamorado por completo y a primera vista!
Bosques de Famtasías




