Cuento infantil: Dragones en el estanque -1

¿Has visto alguna vez dragones en un estanque? ¿¡No!? ¡Pues te has perdido mucho! Verás, existe un estanque al final del mundo que alberga todo tipo de dragones. Son muy divertidos y los hay de muchas formas, tamaños y colores.

Existen los dragones con piel suave como el terciopelo, y otros con caparazones tan duros como una piedra, que se parecen a las tortugas y son lentos y no suelen volar mucho.

Pero también hay dragones que pueden volar más rápido que un avión, aunque son muy difíciles de ver. Estos son tímidos y se esconden detrás de las nubes y, si se encariñan contigo, juegan al escondite con muchas ganas.

Durante las noches, en el estanque que hay al final del mundo, tiene lugar un gran espectáculo donde todos los dragones se dirigen al estanque a descansar, todos excepto una raza en particular que tienen alas brillantes y prefiere bailar junto a las estrellas (en realidad es difícil distinguirlos, pues se ven como puntos brillantes en el cielo).

A estos dragones les gusta ser el centro de atención, y los que son ya mayores disfrutan viendo a los más jóvenes con sus bailes armoniosos. Los dragones más pequeños, por su parte, se dedican a ir detrás de los jóvenes y tratan de empujarles para que les alcen en vuelo y puedan tocar las estrellas con sus propias garras.

Debes saber que los dragones nacen por huevos que ponen las dragonas mamás, y empiezan siendo del tamaño de un perro grande, hasta que toman un tamaño mayor. Pero hay una especie de dragón, del que todavía no hemos hablado, que es tan pequeño como un gato, y otro del que tampoco hemos dicho nada, que es tan grande como una montaña. A pesar de esto no hay que tenerles miedo, amiguitos, porque son tan amigables como tú lo seas con ellos.

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