El dragón y la doncella -1

Érase una vez una hermosa doncella de largos cabellos dorados y hermosos ojos color de cielo. Sin duda, aquella doncella era la más hermosa de la comarca. Por ello el príncipe estaba muy enamorado y deseaba conocerla, pero no encontraba un momento para acercarse a ella. La doncella, por su parte, no sentía especial interés por el príncipe y tenía otros intereses, como las flores, las mariposas o jugar con sus amigas.

No obstante, cuando se anunció que se haría un gran baile al que asistirían todos los habitantes de la comarca, el príncipe pensó que era el momento indicado para acercarse a la doncella y decirle lo que sentía. La doncella también se puso muy feliz con la idea del baile, pues pensó que sería un momento muy divertido en el que podría bailar con sus amigas y pasar un buen rato.

Así, el día del baile llegó y todos los habitantes de la comarca asistieron. Había buena música, gracias a los mejores músicos de la corte; había buena comida, preparada por el gran cocinero real; y todos se estaban divirtiendo mucho. Pero cuando el príncipe decidió acercarse a la doncella, un rugido interrumpió la música: ¡un gran dragón había llegado para aterrorizar a todos!
e trataba de un dragón bastante fiero, que no dudó en atrapar a la doncella llevándosela de allí.

—¡Rawr! —Rugía el dragón.

Pero la doncella, lejos de estar asustada, estaba feliz volando:

—¡Puedo volar como una mariposa!

Al ver que la doncella no estaba asustada, el dragón paró y la dejó en el suelo preguntándole:

—¿No estás asustada de mí?

—No, claro que no. ¡No sabes lo divertido que ha sido poder volar!

_Tras aquellas palabras el dragón parecía contrariado:

Pero se supone que debes estar asustada, yo te atrapé porque eso es lo que hacen muchos dragones, ser malos y asustar a las personas.

—Pues a mí no me asustas ni un poco.

Y esto hizo que el dragón se sintiera triste.

—Entonces es que hago muy mal mi trabajo.

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