Cuento- La dictadura del león
En la selva todos acostumbraban a ir a beber y a bañarse al río por la misma senda. Era un corto y agradable camino de tierra bordeado de árboles donde los animales buscaban sombra y descansaban, tanto a la ida como a la vuelta.
Cuando el león cerró el paso a la senda que llevaba al río todos se sintieron mal.
– ¿Por qué ha cerrado la senda al río? ¿Quién se cree que es? – dijeron las serpientes.
– ¡Ahora tendremos que rodear todo el bosque para ir a beber! – dijeron los elefantes.
¿Cómo voy a llegar al río con tanto peso? – preguntó una mona con dos monitos subidos a su espalda.
– ¡Tengo la pata rota! ¡No podré llegar tan lejos! ¡Me moriré de sed! – exclamó la gacela.
Todos los animales fueron a protestar al león.
– La senda no estará cerrada del todo. Cada día dejaré pasar a tres animales ¡Ni uno más! – les dijo.
Ante la rotunda negativa del león hicieron una reunión en la selva, y a pesar del malestar general llegaron a un acuerdo: se turnarían diariamente para pasar por la senda al río y darían prioridad a los más necesitados.
Al otro día pidió permiso para pasar la mona.
– ¡Mañana será imposible! Ya han pedido permiso unos leones – le dijo uno de los dos leones que vigilaba la entrada a la senda.
Al siguiente día quisieron entrar dos elefantes.
– ¡Imposible! Ya han pasado las leonas – les dijo.
Otro día fueron las serpientes las que quisieron pasar.
– ¡No puede ser! El león se está dando un baño y no se le puede molestar.
Ese día madrugó el hipopótamo para que ningún león se le adelantara.
– Vienen unos familiares del león de camino. Tendrá que ser otro día. – le dijeron los leones guardianes.
Una tarde fue de excursión al río una familia de tigres, en total eran ocho, y ante la perplejidad de todos los dejaron pasar por la senda porque eran amigos del león. Bebieron, se bañaron, estuvieron tomando el sol, comieron, reposaron a la sombra de los árboles, y salieron por el mismo camino cuando anochecía.
– ¿¡Cómo se puede tener tanta cara dura!? – dijeron las serpientes.
– ¡No me lo puedo creer! – dijo la mona.
– Ya me lo temía – dijo la jirafa que hasta ese momento había estado callada.
– ¡Me iré a quejar al león! – dijo la gacela muy enfadada.
– ¡Yo soy el rey de la selva y hago y deshago lo que me viene en gana! ¡Es mi última palabra! – les dijo el dictador altivo.
Desde ese día la senda del río permaneció cerrada para todos los animales, mientras los leones, entraban y salían a su antojo. ¡Para eso eran leones!
P/Marisa Alonso Santamaría.




