El cohete Manolete -2

-Yo sólo sé jugar a los marcianitos -dijo Manolete-. Es un juego muy antiguo que tiene un osito en el Planeta de los Peluches. No sé si tendréis algo así por aquí.
-¡Vaya, eso sí que es un problema!-dijo la más joven de las consolas-. Nosotras no tenemos esos juegos tan antiguos.
-Tal vez haya alguien que pueda ayudarnos -dijo otra consola un poco más mayor-. ¿Recordáis a la vieja que vive escondida en la cueva del Comecocos?

Al llegar Manolete y las consolas se acercaron a la Cueva del Comecocos. Allí encontraron a una pequeña y anciana consola rodeada de juegos tan viejos como ella.
-¡Ey! ¡Mirad! -gritó Manolete-. A estos juegos sí sé jugar.
La vieja consola no podía creerse lo que oía.
-Juega amigo -dijo ella-. Pensé que mis juegos y yo no volveríamos a divertirnos nunca más.
Cohete Manolete jugó a los marcianitos y consiguió liberar una nave espacial a la que añadió un mensaje pidiendo ayuda y mandó directamente hasta el Planeta de los Muñecos y las Muñecas. Cuando los dirigentes de este planeta leyeron el mensaje, llamaron urgentemente a sus amigos los gobernantes del Planeta de los Peluches, del Planeta de los Coches teledirigidos y del Planeta de los Bloques de Construcción. Entre todos tenían que encontrar una forma de ayudar a Manolete.

Finalmente tuvieron una gran idea: construirían una nave espacial con bloques que volase gracias al mecanismo de un juguete teledirigido. Cuando estuvo lista, pusieron rumbo al planeta de los Videojuegos.

Al llegar allí Manolete se alegró mucho de verlos.
– ¡Ya estamos aquí Manolete! Hemos venido para arreglarte – dijo un muñeco mecánico mientras todos los demás juguetes asentían por detrás con la cabeza.
– Muchas gracias amigos. ¡Que ilusión me hace que hayáis venido todos!

Cuando Manolete estuvo arreglado empezó la gran fiesta en el país de los Videojuegos y todos lo pasaron en grande.

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