El paraguas volador -2
—Este paraguas perteneció a un gran inventor llamado Lorenzo Ferrán —explicó Don Efraín—. Dicen que escondió un mapa secreto dentro de su invento, un mapa que lleva a un lugar lleno de maravillas jamás vistas.
Lucrecia abrió los ojos de par en par.
—¿Y si el mapa sigue dentro de mi paraguas?
El anciano asintió.
Justo en ese momento, la campanilla de la librería sonó. Un hombre alto con un gran bigote entró con paso firme. Era el Inspector Roldán.
—He recibido un informe de un objeto volador no identificado sobrevolando la escuela —dijo, ajustándose el cinturón—. ¿Sabes algo sobre eso?
Lucrecia escondió el paraguas detrás de su espalda.
—No, no, ni idea, señor…
Pero Pipo, su travieso gato, tenía otros planes. Se enredó en la tela del paraguas, presionó el botón sin querer y… ¡el paraguas se activó!
—¡MIAU! —gritó Pipo, mientras el paraguas lo levantaba en el aire.
ró el invento con asombro.
—Así que este es el famoso paraguas volador… ¡Tengo que confiscarlo inmediatamente!
Lucrecia no podía permitirlo. Si el paraguas era la clave para encontrar el mapa de Lorenzo Ferrán, tenía que protegerlo.
Sin pensarlo dos veces, Lucrecia sujetó a Pipo con una mano y el paraguas con la otra.
—¡Nos vemos, inspector!
Presionó el botón y el paraguas los elevó en un torbellino de aire. Salieron disparados por la ventana y cruzaron el cielo a toda velocidad.
El inspector se quedó con la boca abierta.
—¡Volveré por ese paraguas! —gritó, sacudiendo el puño.
Lucrecia rio mientras flotaba sobre el pueblo. Miró el mango del paraguas y vio algo que nunca había notado antes: una pequeña ranura con un símbolo extraño.
—Don Efraín tenía razón… Este paraguas guarda un secreto.
Su corazón latía con emoción.
—¡Es hora de la aventura!
Y con una sonrisa, apuntó su paraguas hacia lo desconocido.




