El regalo de la princesa -2
Entonces, abrió la puerta y entró. El castillo tenía muchas habitaciones, grandes y solitarias, pero la casita tenía una habitación, pequeña y muy acogedora. Allí encontró una chimenea cuyo fuego parecía bailar al son del agua que burbujeaba en un pequeño fogón.
La mesa estaba puesta para el té. Era un té común, acompañado de pan blanco, mantequilla, miel y leche. La princesa se sentó a tomar el té.
—Qué agradable era la casita— pensó—. ¡Qué inusualmente hambrienta estaba!
Aunque podía degustar los más exquisitos manjares en su castillo; en su propia casita descubrió que nada era tan delicioso como el pan con mantequilla, y que su leche sabía tan dulce como la miel.
Después del té, la princesa notó en un rincón de la casita, una máquina de coser con tela de lino y se puso a coser. El fuego de la chimenea bailó, el agua del fogón cantó y la máquina de coser zumbó alegremente. Fue tan maravilloso ese momento en la casita, que la princesa también comenzó a cantar. Ella cantaba como un pajarito, sin embargo, nunca antes lo había intentado.
—Te escuché cantar y me detuve—dijo una voz muy suave.
La princesa vio a un niño de su misma edad. Su cara era muy agradable, pero estaba vestido con ropa harapienta. Su camisa estaba tan llena de agujeros que apenas cubría su espalda.
—¿Qué estás cosiendo? — le preguntó.
LEstoy cosiendo una camisa nueva para ti — respondió.
—¡Oh, gracias! — dijo el niño sonriendo.
Entonces, la pequeña princesa pensó en lo que había dicho su madrina:
—En la casita encontrarás un tesoro.
En la casita no había oro, ni nada de lo que ella consideraba un tesoro. Pero su corazón también cantaba. Eso lo era todo; su hada madrina le había dado el regalo de un corazón contento. a princesa no sabía hasta ese momento qué estaba cosiendo, pero lo comprendió de inmediato.
P/ Árbol ABC





