El zapatero y el millonario

Al lado del zapatero vivía un hombre muy rico.

Esta es la historia de un zapatero que era muy pobre, pero alegre. Él vivía tan feliz que cantaba todo el día. Tan hermosa era su voz y contagiosa su alegría, que los niños se paraban al frente de su vitrina para escuchar sus melodías.

Al lado del zapatero vivía un hombre muy rico que le gustaba pasar toda la noche contando su dinero. Él intentaba dormir de día, pero le resultaba imposible con los cánticos alegres de su vecino.

Decidido a resolver esta situación, el hombre rico visitó al zapatero llevando consigo una bolsa llena de dinero y le dijo:

—Te quiero hacer un favor, toma esta bolsa y la guardas para cuando la necesites.

Y se marchó sin decir más.

El zapatero no lo podía creer, jamás en su vida había visto tanto dinero. Mientras los niños lo miraban a través de la vitrina, se sentó en su banco y comenzó a contarlo cuidadosamente .
Había tanto dinero en esa bolsa que el zapatero temía perderlo. Tanto era su miedo que llevó la bolsa a su habitación y la puso debajo de su cama, pero no pudo dormir. Muy preocupado, se levantó de la cama y guardó la bolsa en un cajón de la cocina, pero seguía muy preocupado.

Después del desayuno, pensó que sería más seguro esconder la bolsa debajo de una teja. Pero seguía sintiéndose intranquilo. Sin otro lugar donde recurrir, cavó un hoyo en su jardín y tal como se hace con cualquier tesoro, enterró su valiosa bolsa.

Ya no tenía sentido tratar de trabajar, él estaba demasiado preocupado por su bolsa. Tampoco tenía sentido cantar, pues se sentía demasiado triste y desgastado para entonar una canción.

El zapatero no podía dormir, trabajar, ni cantar y peor aún, los niños no volvieron a visitarlo.

Al final, el zapatero se sintió tan infeliz que tomó su bolsa llena de dinero y tocó la puerta de su vecino, el hombre rico, y le dijo sin titubear:

—Te devuelvo tu bolsa. La preocupación de tenerla me está enfermando, he perdido mis fuerzas y a todos mis amigos. Prefiero ser un zapatero pobre como antes.
Sin esperar respuesta, se dirigió a su casa.

El hombre rico tomó el dinero más no se sorprendió, él mismo lo sabía y lo tenía muy claro: el dinero no compra la felicidad.

P/Árbol ABC

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