Y se volvio humo (cuento)

Don Jenaro era un hombre muy trabajador.  Por eso habia logrado, a traves de casi 70 años de vida, llegar a tener lo que tenia:  una buena casa, en la que vivia con doña Ramona y sus 8 hijos; una bonita finca de cafe y algunas parcelas en las que sembraba maiz y frijoles.

Don Jenaro era muy amigo de economizar y no le gustaba el desperdicio.  Pero era un gran fumador.  Desde que tenia 14 años fumaba.  Le guataban mucho los puros  grandes y olorosos.

Tampoco despreciaba los cigarrillos, sobre todo si eran de bajo precio.  pues en el fondo de su conciencia sentia remordimiento porque sabia que junto con los puros y los cigarrillos, estaba quemando los centavos que habia pagado por ellos.

A doña Ramona, que en su vida habia fumado, no le hacia ninguna gracia el unico vicio que tenia su marido.  Por eso, siempre que se presentaba la oportunidad, le reporchaba su mala inclinacion.  Le hacia ver que desperdiciaba el dinero y que arruinaba su salud con ese vicio.

Por fin, despues de mucho tiempo, doña Ramona consiguio lo que queria:  un buen dia, a la hora del desyuno y delante de todos sus hijos, don Jenaro anuncio que dejaria de fumar.

Al principio, don Jenaro sufrio mucho, pero poco a poco se fue acostumbrando.   Le parecio conveniente seguir el  consejo de su mujer:  echar cada dia en un bolso de tele el dinero que ese mismo dia hubiera gastado en comprar puros o cigarrillos.  Aconstumbraba llevar el bolso siempre con el.  Asi, cuando le entraba la tentacion de fuamarse un cigarrillo, acariciaba el bolso lleno de monedas y recobraba el valor para seguir adelane en su proposito.  Hasta que al fin el bolso se lleno.  Y como las monedas peaban tanto, decidio cambiarlas por billetes.  Habia pasado casi un año y don Jenaro se sentia muy satisfecho de haber dejado de fumar.

En los primeros dias del mes de marzo Jenaro decidio preparar una parcela para hacer las siembra de maiz y se fue al campo con sus tres hijos mayores.  Llegaron al terreno, que tenia una parte cubierta de malas hierbas.

Como era un pedazo pequeño, penso que no dañaria mucho la tierra quemando la breña.

En un pequeño arbol, alejado de la maleza, colgaron las alforjas en  que  llevaban sus almuerzos.  Junto a ellos, colgo tambien don Jenaro su bolso lleno de billetes.

Mientras uno de su hijos le pegaba fuego a la maleza, el acompañado de los otros dos, se fue a revisar las cercas.

Cuando don Jenaro volvio a ver si hacia la quema, sintio que la sangre se le helaba en el cuerpo.

El viento habia comenzado a sollar de repente, empujando las llamas hacia el pequeño arbol en donde habian colgado las alforjas u el bolso lleno de billetes.  Cuando llegaron, el arbolito y todo lo qu de el colgaba ardia como un fosforo.

Don Jenaro, levantando el sombrero con una mano, contemplaba el humo azul que se elevaba hacia el cielo.

-Maldito dinero»-grito .

-¡Tenias que volverte humo de cualquier manera!

Cuentan que don Jenaro volvio a fumar y que doña Ramona ya no se atrevio a reprocharle que lo hiciera, aunque siempre le preocupaba que el vicio pudiera hacerle daño a la salud de su marido.

Editorial Escuela Para Todos.

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