Cuento Infaltil La Caridad – 2

Celebro grandemente la reina esta digna obra de caridad, cuando se oyo un tropel entre las gentes, que se desviaban, dando paso a un niño mas bello que el sol.  Arrastraba tras si a una pobre vieja estropajosa, que hacia cuanto podia para deshacerse de ir a aquel lugar tan concurrido.

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-¿Que quiere este belo niño?- pregunto la reina que no cerraba sus oidos, que eran mas de madre que soberana, a ninguno que deseaba hablarle.

-Quiero- contesto el niño con mucha dignidad y dulzura- trer a vuestra majestad a la que ha ganado el santo premio que habeis instituido para mayor obra de caridad.

-¿Y quien es?- pregunto la reina.

-Es esta pobre anciana- contesto el niño.

-¡Señora! – proclamo la pobre anciana, toda confusa y turbada-.  Nada he hecho, nada puedo hacer; soy una infeliz que vive de la bondad de Dios.

Y, no obstante- dijo el niñp, con voz grave- has merecido el premio.

-¿Pues que ha hecho?- pregunto la noble reina que ante todo queria ser justa.

_Me ha dado un pedazo de pan- dijo el niño.

-Ya veis, señora – exclamo apurada la anciana- Ya veis, señora-apurada la anciana -ya veis, un mendrugo de pan!

-Si -repuso el niño-, pero estabamos solos y er el unico que tenia.

La reina alargo conmovida el premio a la buena pordiosera y el niño, que era el Niño Dios, se elevo a las alturas, bendiciendo a la gran reina que daba premios a la virtud y a la buena humilde anciana que lo habia merecido.

Asi veis, hijas mias, que el merito no esta en el mas o menos valor de la obra, sino en las circunstancias y en los sentimientos con que se hace; y que en un pedazo de pan, para que no tiene otra cosa y hasta se lo quita de la boca para darlo, es mas aun a los ojos de Dios, que ve los corazones, que una obra sonada celebrada que consigo lleva su recompensa.

Fernan Caballero.- (Del libro Clemencia.

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