El calcetín misterioso -2

Mateo el Valiente estaba un poco desconcertado. A pesar de todo, se abalanzó sobre el calcetín para meter la mano dentro y descubrir lo que escondía aquel calcetín misterioso.

Justo en ese momento, Mateo vio aparecer al extraño hombrecillo dando saltos sobre una pierna repitiendo sin parar uno de los versos del calcetín.

-Y si piensas con criterio… Y si piensas con criterio… Y si piensas con criterio…
Mateo el Valiente de paró en secó, sorprendido por aquel suceso tan extraño y extravagante.

Entonces se le ocurrió que podría mirar dentro del calcetín antes de meter la mano, por si acaso se encontraba alguna sorpresa desagradable. Se acercó con cuidado y, de repente, un bicho peludo con muchas patas y algunos pinchos se asomó por el calcetín. El bicho miró a Mateo. Mateo miró al bicho. Y tras tres segundos que se hicieron eternos, el bicho se escondió.

En ese momento, el calcetín habló de nuevo:

– ¡Maldito hombrecillo cotilla! Casi cazo a este insensato. ¿Qué voy a poner en el plato, si se me ha escapado la cenilla?
En cuanto oyó esto, Mateo el Valiente echó a correr todo lo rápido que pudo, y no paró hasta que llegó a su casa. Cuando llegó encontró una nota pinchada en la puerta que decía así:

La prudencia has de aprender
y a mirar con atención,
pues será siempre tu deber
practicar la observación
no te vaya a engatusar
un individuo parlanchín.
Hoy ha sido un calcetín
que resultó ser un liante
que si te descuidas te echa el guante
para lograr su botín.

Aquel día nuestro amigo aprendió una lección importante, y empezó a prestar atención a los consejos que le daban los mayores. Y desde aquel momento dejaron de llamarle Mateo el Valiente para convertirse en Mateo el Prudente (y además empezó a hablar en verso todo lo que podía, pues eso de las rimas le había hecho mucha gracia).

Deja tu Comentario

comentarios