El misterio de las zanahorias robadas – 2

Cuento.
De nuevo, Lucía y su mamá se pusieron manos a la obra para sembrar más zanahorias que poder recoger más adelante y, cuando se fue acercando la hora de cosecharlas, Lucía decidió no quitarles los ojos de encima.

Debo descubrir quién se come las zanahorias para que mamá no se ponga triste, no puede ser posible que lleve tanto tiempo sin probar su delicioso pastel de zanahoria, ¡no es justo!

Así, en una de las tantas noches en las que la pequeña Lucía vigiló el huerto y las zanahorias desde su ventana de la habitación, divisó entre los matorrales una pequeña sombra que se movía a gran velocidad.

¡Te encontré! —Gritó Lucía, que no había dudado en bajar y descubrir rápidamente qué era aquella misteriosa sombra y qué tramaba.

Sin embargo, con la misma velocidad que había aparecido la sombra, desapareció, sumiendo en el absoluto fastidio a la pequeña.
Su madre, que la observaba desde el portón de la casa, decidió que era momento de ayudar, y ella misma se dispuso también a atrapar la sombra.

Aquí está el ladrón de zanahorias, hija. No es más que un travieso conejo, que seguro se habrá dado un buen festín con nuestras zanahorias.
¡Oh! ¿Quién lo hubiera imaginado?

El conejito, que era negro como la noche, no tenía cara de ladrón, sino un hocico muy graciosos y simpático, por lo que decidieron quedarse con él para que pudiera disfrutar cuando quisiera el pastel de zanahoria, sin tener que cometer una acción como la de robar.

Y fue así como, en la siguiente cosecha, la pequeña Lucía pudo volver de nuevo a comer el delicioso pastel de zanahorias que preparaba su mamá, compartiéndolo esta vez con el nuevo y divertido miembro de la familia. ¡Qué contenta estaba Lucía! Y no solo porque al fin ya había zanahorias y tenía un nuevo amigo, sino porque se había convertido, sin querer, en la mejor detective de huertos de toda la historia.

Deja tu Comentario

comentarios