El trineo encantado de la abuela Carolina -2

De vuelta en su tiempo, contaron emocionados a la abuela Carolina sobre su aventura. Al escuchar el nombre de Doroteo, una lágrima rodó por su mejilla

—Doroteo fue mi mejor amigo —susurró—, pero un día, al intentar regresar, no pude encontrarlo y temí haberlo perdido para siempre.

Rafa e Irene decidieron ayudar a su abuela. Al día siguiente, con la abuela Carolina en el trineo, se lanzaron por la colina, pensando con fuerza en Doroteo. Y allí estaba él, esperándolos con una gran sonrisa.

Después de un emotivo reencuentro y de compartir viejos recuerdos, la abuela Carolina, Rafa e Irene regresaron a su tiempo, llevando consigo a Doroteo para que pudiera vivir nuevas aventuras con ellos.

La abuela Carolina, con lágrimas de felicidad en sus ojos, abrazó a sus nietos y les agradeció por el regalo más precioso: el reencuentro con un viejo amigo.

El viejo trineo, ahora limpio y reluciente, encontró un lugar especial en el jardín de la abuela Carolina, como un recordatorio de que, con valentía y amor, siempre podemos encontrar el camino de regreso a los brazos de aquellos que amamos. Y así, cada invierno, la colina detrás de la casa se llenaba de risas y alegría, mientras los niños del barrio se deslizaban por ella, esperando vivir sus propias aventuras mágicas.

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