Los Pencos- parte 1
La noche se cerro como parpado somnoliento.
Una luminaria de ocote fino y burril, crepitaba frente a la casona.
Tendido en su hamaca de pitas don Robustiano meditaba, calculando el rendimiento de sus faenas cotidianas, sumando, restando, como un niño grandote, con ciento sesenta libras de musculos recios; los acordeones habian jorjeado infinitas veces en sus cumpleaños. Si, ya hacia diitas que le el sol…
Con los ojos sin quitarlos de las etrellas, cual si ve valiera de un sidero abaco, echaba su cuentas, mientras el rin…rin…rin de la hamaca, como un bajo en tiempo de vals, signaba el orfeon de los insectos nocturnos.
-Los arrozales abarcan quince manzanas-pensaba-. Siete y media seran de mi compadre Prudencio y el resto para mi. ¡Sera buena cosecha mediante Dios! Once manzanas de maiz ya malacateado, con catorce medidas de frijoles floridos, ¡que primos! Las ayoteres se tupen y enredan que es un contento y sus flores con tan amarillas que parecen pepitas de oro convertidas en campanulas.
En septiembre cumple años Miguelito, le regale una yunta; dicen que jala con la Remedios, es buena moz y le huye a la suida como todos los que semos pencos…
El padrecito me pidio una de mis siete vacas lecheras y un caballito pa sus reumas, se los mandare el jueves con un par de gallinas para sus calditos, ¡es tan bueno!.,¡si no fuera por la pesima calidad del vino de coyol y la melediscencia de las lenguas desocupadas!…
Samuel Diaz Zelaya (Honduras).




