Un paseo en el trineo de Santa -parte 2

Santa lo pensó durante unos segundos y viendo que el niño esperaba impacientemente una respuesta le contestó. – “Pues sabes que, esta noche vas a hacer mi copiloto, te has portado muy bien este año así que te lo mereces”.

Santa lo miró tiernamente con sus mejillas rosadas y con una mueca sonriente que marcaba sus hoyuelos le preguntó. – “¿Qué haces todavía despierto, no sabes que hasta mañana no puedes ver tus regalos?”

A lo que Carlitos le contestó firmemente. – “Santa te he estado esperando toda la noche porque quiero pedirte un regalo especial en esta Navidad. Quiero que me lleves contigo en tu trineo y me dejes ayudarte a repartir la alegría y los regalos a los niños”.

Santa lo pensó durante unos segundos y viendo que el niño esperaba impacientemente una respuesta le contestó. – “Pues sabes que, esta noche vas a hacer mi copiloto, te has portado muy bien este año así que te lo mereces”.

Subieron sin más al trineo lleno de juguetes que estaba aparcado en el techo y volaron por los cielos más rápido que un viento huracanado.

Durante el camino Santa silbaba, reía y llamaba a sus renos por sus nombres ¡Corran Trueno y Cometa! ¡Más rápido Saltarín! ¡Vamos Centella! ¡Apúrense que los niños esperan! Y casi en un parpadear Carlitos y Santa visitaron todos los hogares de la ciudad, dejando los regalos de cada niño.

Carlitos le contestó firmemente. – “Santa te he estado esperando toda la noche porque quiero pedirte un regalo especial en esta Navidad.

A la mañana siguiente Carlitos se levantó de su cama y recordó cada detalle de la increíble noche que había pasado. Sin saber si aquello había sido un sueño o realmente había ocurrido, bajó corriendo las escaleras y encontró sus regalos. De algo sí estaba seguro, y es que Santa había estado allí.

 

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