Cuento El Joven que Salvo a su Familia (2)
El joven Pedro explico en la capitania del Puerto la causa de su viaje. Alli le dijeron que peligrosisima la navegacion, pues de un momento a otro se esperaba el huracan y los mas expertos navegantes pensaban que Pedro no debia regresar. Si la tormenta lo sorprendia en el camino, su muerte seria segura
Con lagrimas en los ojos, pensando en la triste suerte que esperaba a su familia, Pedro suplico que le facilitaran comida, agua y una lancha que sirviera para tan peligrosa travesia.
Los marineros, al fin buenos compañeros, cedieron a sus ruegos y se dispusieron a ayudarlo.
En la Capitania del puerto le facilitaron una lancha grande, con motor de gasolina, que cargaron con viveres y agua.
Pedro se dispuso a volver al faro, acompañado de seis bravos marineros que se ofrecieron voluntariamente.
La noche habia llegado y las sombras parecian hacer mas peligroso el viaje, pero el cielo, aunque oscuro no estaba del todo encapotado; se encontraba despejado a ratos y podia contemplarse la rapida carrera de las nubes.
Muchas personas insistian en que Pedro no debia hacerse a la mar, mas el contestaba a todos:
-En el faro estan los seres que mas quiero y de mi dependen sus vidas; por eso no puedo quedarme. Y despues de tomar las precauciones, se hicieron a la mar.
El tiempo empeoraba por momentos, pero la lancha mantenia su velocidad y continuaba avanzando.
Las olas resultaban amenazadoras y parecia que iban a hundir la embarcacion y, con ella, a los valientes hombres que se atrevian a desafiar su colera. Llovia copiosamente y el faro se hallaba aun distante.
El agua entraba en la lancha; tres marineros se pusieron a sacarla. Pedro atendia al viento, que soplaba con tal fuerza y velocidad que corrian peligro de zozobrar. Los marineros estaban preocupados.
-Nadie debe asustarse, grito Pedro, aunque se dio cuenta de que el mar, en aquellas condiciones, era capaz de atemorizar al mas valiente.
Las olas eran cada vez mas altas; la lancha desaparecia debajo de ellas y, por un milagro de equilibrio, reaparecia.
¡Muchachos! el temporal esta a punto de estallar pero ya llegaremos. ¡Animo! ¡Un ultimo esfuerzo!, gritaba Pedro.
Y asi, luchando heroicamente contra la tempestad, llegaron al faro donde, ansiosamente, esperaban a Pedro sus padres y hermanos.
Mientras lo abrazaban con alegria, los marineros, que tan valientemente habian acompañado a Pedro en su empresa, secaban sus empapadas ropas y contemplaban el huracan cuya furia nada podia ya contra ellos.
Edicion
«La Escuela Nueva»
Madrid España.




