Cuento Simbad, el marino -1
Érase una vez un muchacho llamado Simbad que decidió embarcarse en un barco para comerciar por el mundo.
Un día el viento dejó de soplar y el barco se paró muy cerca de una isla. Simbad y otros tripulantes del barco decidieron ir a visitar la isla. Estando en la isla tuvieron hambre, así que encendieron una hoguera para asar carne. De repente, el suelo se estremeció como si de un terremoto se tratase.
Lo que pasaba es que no habían desembarcado en una isla, sino en el lomo de una enorme ballena que, al sentir el fuego, empezó a dar coletazos. En una de estas embestidas Simbad cayó al agua. Los tripulantes del barco pensaron que se había ahogado, así que se fueron nadando al barco y huyeron.
Pero Simbad consiguió agarrarse a una madera que flotaba por allí hasta que una ola lo arrojó sobre una playa.
-¿Qué será esto? -exclamó Simbad al ver unas bolas blancas de gran tamaño.
De pronto, Simbad miró hacia arriba y vio a un inmenso pájaro que iba hacia él.
-¡Es el pájaro Roc! -gritó asustado.
Pero no le dio tiempo a más. El pájaro Roc se posó sobre él para calentar las bolas blancas, que eran sus huevos.
Simbad aprovechó para pensar cómo salir e ideó un plan.
– Enrollaré mi turbante a la pata del pájaro Roc para que me lleve volando por la mañana -pensó Simbad.
Y así fue. Al amanecer, el pájaro se echó a volar, llevándose a Simbad con él hasta otro lugar en el que se posó.
Simbad descubrió que estaba en un profundo valle, rodeado de montañas tan altas que era imposible escalarlas. Cuando se sentó a descansar y a pensar en la falda de una de las montañas descubrió que estaba rodeado de serpientes.
-¡Qué mala suerte! -dijo Simbad-. ¡Consigo escapar de un problema para meterme en otro peor!
Entonces Simbad se dio cuenta de que aquel misterioso valle también estaba lleno de preciosos diamantes.
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