Los Pencos- parte 2

¡Jacinta se ha encariñado con la piara de marranos y que hermosos los muy cochinos!…Si Dios nos presta la vida y conserva nuestros cuerpos, habra comida de sobra para todo el año.   Siempre he crecido que en eso esta la vida: ¡Dios y salu!

Despues, sacudiendo la cabeza para tirar lejos aquellos pensamientos y atarlos nuevamente, llamo a Jacinta:

-¡Eh Chinta!

-¡Ay voyyyy!

-¿Por cuanto vendia la vaca chinastiada el hijo del finado Tacho?

-Por cincuenta lempiras y medio.

-La voy a mercar para vos, da mas de cinco botellas de leche ella solita.

-¿Ya se durmio Rodrigo?

-Si, esta roncando, tiene que madrugar a  sabanear.

-¡Ah, los pencos de la serranias, de las hondonadas,  de los ocotales! ¡Ah, los pencos caitudos, hediondos a sudor de trabajo, lampiños y renegridos que trabajan como bueyes bajo todos los soles tras el arado, surcando criales y creidos en Dios!

¡Los pencos de vida independiente, estoicos y sanos que no andan en pos de los erarios, ni ambicionan la etiqueta hipocrita de los casinos y clubes…

¡Ah, los pencos que conocen el milagro brho de los alcores cuando las albas se desnudan entre lampos mañaneros!

Los pencos que nunca piden medio al gobierno por lo que ganan con el sudor de la frente en la gleba de su heredad!

¡Ah, pencos, pencos; ni diez ciudadanos aulicos juntos valdrian lo que vale la tierra de vuestros caites!

Samuel Diaz Zelaya (Honduras)

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