Poesia El Crepusculo Campesino
Desde el tren, por la abierta ventanilla
en un valle de olivos, sombreado,
contemplo un labrador tras el arado,
volcando entre surcos la semilla.
El aureo sol, como una hostia, brilla;
un vuelo de campanas cruza el prado,
y en la paz del remanso sosegado
parece que la tarde se arrodilla.
¡Quien fuera labrador!… ¡Ay, quien tuviera
una blanca sasita en la ribera;
yuntas, viñas, un huerto de manzanas.
¡Un olivar y tierra levantina,
donde sembrar el pan de cada dia
con el esfuerzo diario de mis manos.
Francisco Villaespesa.



