La tarde de lluvia -2

Marta rio y juntos comenzaron a construir. Cada bloque parecía un escalón hacia las nubes, y pronto la torre era tan alta que casi tocaba el techo.

—¡Guau! —exclamó Marta—. ¡Nunca había hecho una torre tan alta!

Papá la abrazó con cariño.

—Todo es posible cuando usamos nuestra imaginación.

Pero la tarde aún no había terminado. Papá tomó un libro de cuentos y se sentó en el sofá.

—¿Qué tal si terminamos con una historia? —preguntó, invitando a Marta a sentarse a su lado.
Marta, aún emocionada, se acurrucó junto a su papá mientras él comenzaba a leer un cuento sobre un niño que viajaba a mundos lejanos montado en un dragón. A medida que las palabras salían del libro, Marta cerraba los ojos y se dejaba llevar por la historia, imaginando que ella también volaba sobre el dragón, cruzando cielos infinitos.
Y entonces, algo sucedió. Un rayo de sol entró por la ventana. Marta abrió los ojos y vio que la lluvia había parado. El parque, ahora brillante y mojado, la llamaba.

—¡Papá! ¡Dejó de llover! —gritó emocionada.

Papá sonrió, pero antes de que él pudiera decir nada, Marta lo sorprendió.

—Pero… ¿y si nos quedamos un rato más leyendo? —preguntó con una gran sonrisa—. Me gusta estar aquí contigo.

Papá la abrazó aún más fuerte.

—Eso suena como el mejor plan del mundo, Marta.

Y así, en esa tarde que había comenzado con gotas de lluvia y un poco de tristeza, Marta descubrió que, a veces, las aventuras más grandes ocurren cuando estamos en casa, con la gente que más queremos.

Deja tu Comentario

comentarios